Un libro mágico, con momentos mágicos, personajes mágicos,
una vida mágica y unos sentimientos mágicos.
Si no recuerdo mal, comencé la historia de Viana, el verano
pasado. Tengo que reconocer que no fue fácil que me enganchara al libro, solo
cuando iba ya por la mitad cogí carrerilla, y como de costumbre, nadie pudo pararme.
Me gusta el personaje femenino por su valentía, no es la
típica princesa de cuento, como parecía al inicio. La protagonista no duda en
quitarse sus faldas y vivir como el bosque obliga.
Es imprescindible mencionar que la presentación del libro es
magnífica, probablemente de las mejores que he visto. En la tapa se esconden
animales del bosque; se esconden tanto, que si no fijas la vista con riguroso
cuidado, no descubres nada, como en un bosque de verdad. Las páginas también
sorprenden gratamente, las ramas enredadas en los títulos y los minúsculos
detalles convierten a este libro casi en una obra de arte.
Uri, imposible es leer “Donde los árboles cantan” y no enamorarse
de Uri. La descripción de Laura Gallego me parece impresionante, su capacidad
para conseguir que cada lector imagine su propio Uri, y que al mismo tiempo, se
encariñe con él.
¿A quién se le ocurre
inventar cosas tales como las que ocurren en este libro? Maravillosa
imaginación, cosas exageradamente fantásticas, y la ternura con la que Laura lo
explica hace que todo parezca casi un sueño.
Es un libro diferente, poco común, pero genial. La
sensibilidad de los hechos, así como el tiempo en el que ocurren consiguen
hacerme pensar de forma distinta sobre este libro. Es decir, no lo comparo con
otros que haya leído, porque considero que no tienen parecido. Porque es un
libro único, únicamente maravilloso.

